Hilda del Carmen Landrove Torres (Guanabacoa, 1975). Investigadora, ensayista y activista cubana radicada en México. Se ha dedicado durante años al emprendimiento social y cultural, y más recientemente a la investigación académica en temas de antropología política. Es Dra. en Estudios Mesoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Entre sus principales líneas de investigación se encuentran la acción política en contextos cerrados, los movimientos políticos de los pueblos amerindios y las dinámicas del poder y el contrapoder a través de las disputas narrativas en la esfera pública. Es profesora de Cátedra del Tecnológico de Monterrey (campus Querétaro). Conduce y coordina el podcast Caminero. Actualmente realiza una estancia posdoctoral en la Universidad Autónoma de México (UAM).
Micaela Hierro Dori¿Se considera activista, intelectual pública o investigadora comprometida? ¿Cómo entiende esa relación entre academia y acción?
Hilda LandroveSiempre me cuesta un poco definirme en alguno de esos términos. Creo que estaría más cerca de una intelectual pública, entendida tal categoría como una que define a quien ejerce el pensamiento con el objetivo de incidir en la discusión pública. Tal rol es mi caso también cercano al de una investigadora comprometida, porque mucha de la labor ensayística o de divulgación que realizo está basada en la investigación académica. En el caso concreto de las temáticas relacionadas con Cuba (pues hago investigación académica sobre otros temas), tal labor la realizo explícitamente para contribuir a líneas que considero claves en la generación de un sentido común antiautoritario dirigido al fin del totalitarismo cubano. En relación al activismo, considero que es una parte ineludible de cualquiera que trabaje, desde cualquier campo, para el fin del régimen, porque la naturaleza del régimen mismo impone un tipo de acción que se suele considerar muy cercana al activismo, como la denuncia o la participación en campañas para liberación de presos políticos. Sin embargo, no creo que sea mi principal rol en el ecosistema de la oposición y la disidencia cubanas. Mi interés actual es combinar la reflexión política para aportar a la discusión sobre cómo contribuir al fin del régimen totalitario, con la organización para la acción colectiva, en la medida que tal cosa es posible y desde el espacio que me corresponde en la diáspora y el exilio, creando puentes con quienes intentan organizarse dentro de la isla.
Micaela Hierro Dori¿Hubo algún momento que registres como un punto de partida, que hayas tomado la decisión de dejar atrás el miedo impuesto por el régimen totalitario y abrazar la libertad de pensamiento o consideras que siempre has sido de espíritu libre?
Hilda LandroveAntes de salir de Cuba, durante varios años trabajé en una organización que yo percibía como una “zona gris” que permitía generar cierto espacio mínimo de libertad y organización. Una vez que quedó claro que toda zona gris en Cuba está destinada a desaparecer, mi trabajo se orientó al emprendimiento educativo y una vez ya en el exilio, durante años me mantuve un poco desconectada de la situación en Cuba, no por desinterés sino porque no había -aparentemente- condiciones para impulsar un proceso de transformación. Fueron los años que siguieron al cierre casi total del campo del arte no estatal (alternativo, underground, independiente) y luego la “estabilización” de la apertura de finales de la segunda. Me reincorporé de manera más decisiva a partir de 2018 siendo parte del despertar cívico que comenzó con el rechazo al Decreto 349 y todo lo que le siguió. Sin embargo, esta es la historia de mi participación en términos prácticos a procesos de contestación cívica. Creo que es difícil evaluar el espíritu detrás de eso como libre o maniatado por el miedo. Diría que siempre he sido de espíritu libre pero eso no necesariamente puede medirse de acuerdo a la acción de confrontación abierta. En mi caso (y creo que el de muchos) fue más bien un proceso que pasó de la búsqueda de formas de existencia dentro de un régimen cerrado que aprovecharan las pequeñas grietas que permitían una acción libre a comprender que tales grietas no eran suficientes y comprender que cualquier libertad posible pasa por el fin del régimen.
Micaela Hierro Dori¿Qué rol juegan las disputas narrativas en la esfera pública cuando el espacio cívico está limitado? ¿Puede la construcción de relato preceder al cambio político? ¿Cuáles son los riesgos de la fragmentación narrativa dentro de la oposición o sociedad civil?
Hilda LandroveUna primera respuesta es que hay que pensar Cuba considerando su interior y su exterior. La realidad de quienes viven en la isla no es la misma de la de quienes vivimos fuera. Afuera disfrutamos de las oportunidades que una estructura democrática brinda para cosas que dentro del país serían imposibles: manifestarse, crear organizaciones, escribir en medios, etc. Y a la vez, aunque esa discusión se produzca “afuera”, hace muchos años que las redes sociales permitieron el acceso a toda esa producción. Hoy, muchas personas dentro de Cuba se informan por los medios independientes cubanos. Las disputas narrativas son una parte integral del proceso de cambio. No hay garantía de que cambiar el relato conduzca al cambio político, pero esto es imprescindible, para el objetivo más cercano y para lo que sigue después del fin del régimen actual. Los riesgos de la fragmentación narrativa son altísimos. Pueden impedir, y de hecho lo hacen, la articulación necesaria para un objetivo común. Hacer comprender esa necesidad hoy es parte central de la construcción de consenso en medio de la extrema diversidad del ecosistema narrativo de la oposición cubana.
Micaela Hierro Dori¿Considera que el diálogo es una herramienta viable en contextos autoritarios? ¿Bajo qué condiciones? ¿Qué diferencia hay entre diálogo estratégico y legitimación del poder? ¿Cómo evitar que los espacios de diálogo sean cooptados o instrumentalizados?
Hilda LandroveConsidero que el diálogo es una herramienta viable dentro del ecosistema de la oposición y la disidencia. O sea, para que actores cívicos y políticos puedan generar la articulación necesaria para trabajar, desde diferentes posturas, para el fin del régimen. En relación con un diálogo con representantes del régimen, en las condiciones actuales tal cosa no es posible, porque el diferencial de poder y la naturaleza del poder del régimen, conduciría muy probablemente a producir un sucedáneo de diálogo que terminaría contribuyendo a solidificar al régimen. Cada espacio de diálogo (al interior de la oposición y la disidencia) corre el riesgo de ser cooptado tanto por infiltración directa como por vías indirectas -por ejemplo la expectativa de convertirse en un actor que pueda ser tomado en cuenta en una eventual transición, el deseo de liderazgo, o el desconocimiento de la naturaleza misma del régimen-. Creo que se requiere una atención permanente y una flexibilidad que permita innovar constantemente para sostener un esfuerzo de diálogo, porque la cooptación no es nunca un proceso explícito sino que ocurre de formas veladas.
Micaela Hierro DoriEn este nuevo contexto del año 2026 de alta presión externa de EEUU al régimen con la salida del poder negociada ¿Cuál cree que es hoy el principal obstáculo para la transición democrática en Cuba: institucional, cultural o organizativo?
Hilda LandroveCreo que en los tres campos hay obstáculos inmensos. En el institucional tenemos por una parte la institucionalidad del régimen, capaz de adaptarse para sobrevivir y un déficit de construcción de institucionalidad en la oposición. En lo cultural, un país lastrado por los impactos de una cultura totalitaria y exacerbado por la polarización. Ello dificulta al máximo cualquier labor de reconocimiento mutuo entre los diferentes grupos y actores de cambio. En lo organizativo, aunque han ido en aumento los intentos de generar propuestas articuladas en torno a agendas mínimas, hay una brecha muy grande entre lo que los planes, agendas y programas declaran y la gente que se lanza a protestar en la calle. La posibilidad de organizarse dentro de Cuba está severamente limitada, y la representatividad de las organizaciones en el exterior, es prácticamente nula dentro del país.
Micaela Hierro DoriCualquier mensaje que quiera dejarnos al público cubano que sueña con la transición democrática y un cambio
Hilda LandroveQue, aunque parezca imposible ahora mismo y no podamos vislumbrar las formas que tomará, la transición va a ocurrir, pero no como un proceso en el que somos espectadores. Requiere que participemos de todas las formas posibles, incluso aunque parezcan mínimas. En particular, es fundamental el trabajo para organizarse en todas las escalas y el reconocimiento de que las diferencias deben ser subordinadas al objetivo común del fin del régimen, a menos que tales diferencias impliquen violaciones de principios básicos.



